Observaciones Clínicas   

Neurología Pediátrica

Reflexión Post-Práctica

     Esta experiencia como observador clínico en la especialidad de Neurología Pediátrica me permitió expandir ampliamente mi conocimiento sobre la medicina en general, la pediatría, el manejo administrativo de un consultorio médico y, en especial, la neurología pediátrica.


     Durante esta práctica pude aprender cómo realizar correctamente la entrevista al paciente y qué preguntas son relevantes para un historial médico completo. Además, pude aprender sobre cómo se realiza la examinación neurológica, incluyendo cómo se mide la circunferencia de la cabeza, cómo se determina el estado de alerta del paciente, evaluación de piel para determinar enfermedades neurocutáneas y la examinación de los nervios craneales (Óptico, Oculomotor, Troclear, Abducens, Trigémino, Facial, Vestibulococlear, Glosofaríngeo, Vago, Accesorio e Hipogloso). Como parte de la evaluación neurológica también pude comprender cómo se examinan las habilidades de motor grueso y fino, la tonicidad muscular, reflejos (incluyendo los del bíceps, tríceps, braquioradialis (antebrazo), rotuliano, el del tendón de Aquiles, Hoffman y Babinski), la maniobra de Jendrassik, examinación de sensibilidad de temperatura y vibración y sobre la provocación de convulsiones por hiperventilación. También pude visualizar el uso de los martillos de reflejos (Taylor, Trommer, Babinski), el oftalmoscopio y el diapasón.


     Por otra parte, pude ampliar mi conocimiento sobre el análisis de estudios de Electroencefalograma, Chromosomal microarray, Resonancia Magnética Nuclear, Pruebas psicométricas y Pruebas Psicoeducativas. La diversidad de casos que presencié hizo de esta experiencia una sumamente educativa. Pude entender cómo se presenta clínicamente el autismo y cómo se puede diferenciar de condiciones similares, como retraso global en el desarrollo, discapacidad intelectual y otros, cuáles son los criterios para el diagnóstico de autismo, mutaciones asociadas a la condición y las terapias que pueden ofrecérseles a los pacientes. Otra de las condiciones que esta experiencia me permitió entender más a fondo es la epilepsia, incluyendo los diferentes tipos de convulsiones (focales, generalizadas, espasmos infantiles, de ausencia, tónicas-clónicas y epilepsia gelástica), los anticonvulsivos que usualmente se prescriben (como Trileptal, Vigabatrin, Neurontin y Ácido valproico), cómo identificar que un paciente está sufriendo un episodio, qué hacer durante una convulsión y cuáles son los criterios para eliminarle la medicación a un paciente de epilepsia. Conceptos relacionados a convulsiones con los que me pude familiarizar son síncope y vasovagal. Los casos más comunes fueron de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, condición de la que pude aprender cómo puede ser diferenciada de otras condiciones, qué medicación es más prescrita frecuentemente (Focalin, Ritalin y Adderall), mutaciones asociadas al trastorno, criterios de diagnóstico (cuestionarios para padres y maestros) y terapias alternas. La migraña también fue una condición común en los pacientes que pude observar, la mayoría eran adolescentes. De esta condición la Dra. Hidalgo me mostró los criterios del diagnóstico de la migraña y la medicación que más se utiliza para tratarla (como Naproxen) y medicamentos para la profilaxis de la migraña (como Neurontin y Ácido Valproico). Otras condiciones que pude observar durante mi práctica, en las que amplié mi conocimiento, son el Síndrome Congénito por el Virus del Zika, Síndrome de Tourett, Neurofibromatosis, Mielopatía Cervical, Discapacidad Intelectual, Síndrome de Vómitos Cíclicos, Síndrome de Blau, Síndrome de Conversión, Distrofia muscular, Aciduria orótica, Síndrome de Horner y microcefalia. La Dra. Hidalgo no se limitó a enseñarme sobre condiciones que presentaran los pacientes que pude observar, sino que aprovechaba el tiempo entre un paciente y otro para instruirme sobre otras enfermedades. Entre estas están los espasmos infantiles, Moyamoya, dolor de cabeza medicamentoso, esclerosis múltiple, Pseudotumor cerebral y Síndrome de Reye. La Dra. Hidalgo, además, me explicaba el trasfondo de enfermedades no neurológicas que tenían los pacientes, como la Enfermedad de Gilbert, Enfermedad por el virus de Coxsackie, Enfermedad de Kawasaki y Parafimosis.


     Además de condiciones, durante esta práctica pude aprender términos que se utilizan en la neurología. Ejemplos de estos son el nistagmo y aura. Ser partícipe de estas observaciones clínicas me brindó conocimiento sobre estrategias para optimizar la intervención médica. Por ejemplo, la doctora enfatizaba en la importancia de la observación crítica del paciente en todo momento, establecía un ambiente de confianza con el paciente al interaccionar con el mismo en forma de juego (más en los casos de niños), hacía las mismas preguntas directamente al paciente (para corroborar la concordancia con lo estipulado por el padre o tutor), preguntaba a padres o tutores sobre cierta información de diversas formas para corroborar la misma, le pedía a los padres o tutores que repitieran las instrucciones que ella les había planteado para asegurarse que estos comprendieron las mismas y cambiaba el orden de los pasos de la evaluación neurológica según fuera oportuno, dependiendo de lo que el infante le permitiera realizar en ese momento. Por otra parte, aprendí sugerencias que la Dra. Hidalgo suele recomendar, como el aprendizaje del lenguaje de señas en pacientes que tienen dificultad en el habla y la limitación de los juegos electrónicos o el televisor en la mayor medida que sea posible.


     En cuanto a la administración de un consultorio médico, la Dra. Hidalgo citaba a los pacientes por hora y no por orden de llegada, lo que disminuía el tiempo de espera de los pacientes. Pude notar la importancia de guardar copia de todo estudio realizado, aunque no sea de tipo neurológico. De esta forma se comprende cada caso de forma holística, integrando las distintas áreas de la medicina. Para esto la doctora mantenía una fuerte comunicación con otros especialistas, incluso durante la intervención médica con el paciente para asegurar un servicio óptimo. En adición, pude observar la dinámica de la doctora para prepararse para recibir un paciente. Previo a la entrada del paciente, la Dra. Hidalgo analizaba los estudios que se le realizaron al paciente y de ser necesario hacía una indagación en la literatura científica para obtener la información más reciente vinculada a cada caso. Un ejercicio que aprendí de la Dra. Hidalgo que pienso emular es el de siempre investigar a cabalidad cada paciente, incluso si esto amerita desviarse de la neurología pediátrica. La comunicación con las secretarias era muy frecuente, de modo que la Dra. Hidalgo pudiera supervisar exhaustivamente el trabajo de las secretarias, asegurándose que se le informe correctamente a los padres o tutores, que se archive correctamente la información del paciente y que se envíe la información correcta a clínicas o laboratorios.


     Todo el conocimiento antes mencionado que adquirí a través de esta experiencia será de gran beneficio para mi futura profesión. Próximamente estaré comenzando mis estudios en medicina donde, sin duda alguna, podré hacer uso del razonamiento crítico en el ámbito clínico, que es indispensable para la correcta administración del cuidado de la salud. Además, podré utilizar el enfoque correcto para el análisis de cada caso clínico: el enfoque holístico, el cual fue exhaustivamente reiterado por la Dra. Hidalgo. El beneficio de esta oportunidad es aún mayor, puesto que me permitió confirmar y fortalecer mi interés por especializarme en la Neurología al terminar mis estudios en medicina. Aplicaré todo el conocimiento adquirido en mi formación como futura médico y neuróloga.